Esa conquista inolvidable

1728302h765Cuatro años de un ascenso que será recordado por los siglos de los siglos

Por Diego Villarino

Un plantel integrado por Leones hizo lo imposible para lograr el objetivo. El tanto del Chueco Sproat a Temperley, permitió la clasificación al octogonal en la cancha del clásico rival de la categoría. ¿Señal o casualidad?. Dicen que los hechos pasan por algo, ganarle al Cele y empezar a escribir la historia del ascenso, no es moco de pavo.

La definición de esos días fue épica. Por diferencia de gol el Trico accedió a la etapa decisiva. Primero llegó el turno de Platense. El Calamar era un gigante de la categoría. sin embargo, nada asustó al conjunto de Vicó. El Colorado Tridente le dio la posibilidad de los penales cuando faltaban pocos minutos. En la definición Burtovoy presagió lo que iba a suceder. Tras dejar sin chances a un monstruo, Almagró le disputó el ascenso. En el Arandilla el local consiguió dos goles de diferencia, obra de Oscar Villamayor y del talentoso Martín Fabbro. Pero la historia giro en torneo al suspenso, no había corazón que aguante, ni cuerpo que resista.

En la vuelta, el club de José Ingenieros, salió como un tigre. Para el colmo marcó los dos tantos en forma prematura. Una vez igualada la serie, el Tricolor de Adrogué emparejó el juego. Ya en el complemento, apagó las ilusiones futbolistas del anfitrión, que no presentó rebeldía. El 0-2 condujo a la definición fatídica. Otra vez la misma tensión, sin sufrimiento , la conquista no valía.

Ricardo Vera tomó la pelota y concretó el primero de la tanda. El momento crucial arrancó cuesta abajo. Los nervios calaron hondo, sin embargo, el disparo contundente de Minadevino bajó un cambio. A pesar del tanto de Adrián Iglesias, Martín Fabbro volvió a igualar la serie. Richard Schunke falló el tiro y Bordacahar puso en ventaja a la visita. Burto no quiso ser menos y le atajo el remate a Pedrozo. La hazaña quedó en los pies de Leonel Unyicio. Lamentablemente la pelota pegó en el travesaño. Tras la concreción de Hernán Lillo, la oportunidad recayó en Gastón Schmidt. Cuando el balón retumbó en el poste, el sueño parecía trunco. El uno mostró los dientes ante Daniel Franco, la vuelta de la vida hizo que hoy forme parte del plantel. Oscar Villamayor cristalizó en la red horas de esfuerzo y miles de anhelos. El sello logrado por ese plantel no se va a olvidar jamás.

 

 

 

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